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- En realidad nunca nadie le dice a uno toda la verdad (Fanor)-

martes 27 de enero de 2009

La Palabra (Fragmento) (Fanor)

Notese que aquí el autor no usó puntuación sin que se lastimara el sentido general

La palabra que se pronuncia
lacera o calma
la que se calla
calma o lacera

La palabra dulce
consuela y
mima y
apacigua y
alivia

La palabra dura
lastima y
ofende
o arranca llanto
o hasta destruye el ser

La palabra es proyectil
o puede ser bálsamo
es astilla
o lenitivo
Pero la palabra siempre es obediente

Parecer pretenciosa
o humilde
o arrogante
o pobre
Pero ella nunca es así porque es sumisa

La palabra es tan fiel y leal
que en realidad no existe
Es como la vida que sola no existe
está porque estoy

martes 20 de enero de 2009

¡YES WE CAN! (¿Será que puede?) Jota


Después de ocho largos años de gobierno por parte del Sr. George Walker Bush en el denominado entre nosotros el “coloso del norte”, era más que lógico que hubiera un cambio radical para el siguiente mandato. De entrada tenían la ventaja los demócratas, pero era difícil anticipar quien sería el protagonista, si una mujer (Hillary Clinton) o si un afro americano (Obama); de todos modos la pelea no fue fácil para Obama frente a McCain, ya que este último no era cualquier aparecido y todavía hay sectores muy radicales en cuanto al tema racial y la edad, entre otros aspectos (la pobre Sra. Palin no merece cometario alguno).
Sea como fuere, al fin entra este carismático personaje al primer puesto político-económico-militar-mediático en el mundo con un impulso extraordinario, por no decir excesivo de todos los sectores y aparentemente con todos los problemas habidos y por haber por delante. Obama tiene la facultad de pocos (hasta ahora) de llegarle a cualquiera con su hábil oratoria, por ejemplo, su discurso de victoria a principios de noviembre fue más que conmovedor. Adicionalmente su estrategia ha sido la de encarnar al sol de hoy grandes líderes políticos de su país, fundamentalmente: JFK, Lincoln y Martin Luther King Jr. Con estos tres puede decirse que para muchos está concentrada gran parte del sentimiento patriótico y de liderazgo, lo cual exacerba las masas con un sentimiento especial y que hacía rato no se veía.
Es un verdadero movimiento espontáneo el que se ha despertado en la gente, además del siempre presente factor mercantilista (souvenirs) de la cultura gringa. En noviembre, en cualquier cuadra de Manhattan había expresiones de simpatía a Obama, afiches, fotografías, camisetas; en el subway me encontré con un espontáneo afro descendiente que pasaba de vagón en vagón que gritaba feliz y “puñetiando” como Superman: “Now I’m going forward like my president Obama” (ahora voy adelante como mi presidente Obama). Lo mismo en Washington, no solo por ser la casa del presidente de turno, sino por el alto porcentaje de población negra allí, ahora todo gira en torno a la llegada de “Black Barak” al poder. Pero hay algo interesante, y es que no es un movimiento exclusivo de los negros, claro que son los más efusivos por obvias razones, pero el sentimiento es totalmente pluralista, es demócrata, es liberal, y hasta ha roto las barreras con algunos de los republicanos y los ha contagiado (Colin Powell, ex secretario de estado de Bush y republicano a morir es uno de ellos).
¿Será que puede? Los problemas son de todo tipo, aunque solo tres me interesa señalar: La “crisis económica”, la guerra en el oriente medio y nosotros Colombia.
La actual “recesión” o crisis económica es lo primero que debe entrar a solucionar y todos lo van a tener entre ceja y ceja durante su primer año, y hay que ver los resultados: es connatural a todos los seres humanos algo de inmediatismo, y eso puede ser difícil de manejar, las economías no se recuperan en semanas y muchos no tendrán paciencia o otros lo querrán desprestigiar. Dudo mucho que Obama reencarne al expresidente Roosevelt con su grandioso “New Deal” en 1933, posterior a la verdadera gran depresión en 1929 (donde en serio la gente no tenía con qué comer), y saque del sombrero la solución maravillosa; la industrialización hoy ha llegado a sus límites, a diferencia de aquella época donde la industrialización tendría un alto desarrollo adelante y su evolución benefició al mundo entero.
Es curioso que en el conflicto entre Israel y Hamas en la franja de Gaza se haya decidido parar los enfrentamientos bélicos en estos últimos días, al menos eso dice Israel, esperando la posesión de Obama el día hoy. Es obvio que E.U. tiene todo que ver allí, pero ante un problema de nunca acabar como ese, está también por verse si hay un cambio sustancial en el tradicional e incondicional apoyo norteamericano a Israel, o si media en el conflicto con alguna solución. Creo que E.U. con Obama al frente sí retirará las tropas de Irak y de Afganistán aunque gradualmente, al igual que creo lo dicho por un ministro de nuestro país hace unos días acerca de si Sergio Fajardo fuera presidente de Colombia en 2010: “Si fajardo llega a la presidencia nos despeja Florida y Pradera”; no son lo mismo evidentemente y no estoy haciendo comparaciones, el caso es que despejan.
Nosotros no estamos en los primeros renglones de la nueva administración que hoy comienza, a veces me da por pensar que Obama para nuestros intereses es un “cheque en blanco” y que podemos quedar cada vez más aislados en un continente plagado por un eje perverso y rapaz de la izquierda. Quien sabe si Hillary Clinton como secretaria de estado tenga una agenda nutrida para Colombia, al menos yo así lo espero. Pero el comentario de Obama contra Chavez sobre su evidente apoyo a las FARC de hace dos días me dejó más tranquilo; aunque Chavez comentó algo verdaderamente brillante, que pareciera haberselo susurrado al oído Fidel Castro, más o menos diciendo que: “pues si (Obama) no obedece al imperio, pues ellos lo asesinarán”.
Otra cosa es estar en la silla, y hoy comienza una nueva era, ojala de prosperidad y no de guerras (menos contra las FARC).

Jota.

jueves 15 de enero de 2009

Margarita - Tato Millan - 2 Parte

El botón número 10 se ilumina con una luz anaranjada y se abren las puertas del viejo ascensor. Pensó en el único recuerdo que tenía en los últimos años, Mariana, mil veces Mariana te recuerdo. Pero es un recuerdo maldito. Como todos, recordar es morir. Margarita y su nieto se mezclan en el tumulto de los enfermos. Todos se observan extrañados, pero saben que en ese ascensor todos comparten algo. Alcanzan la avenida y toman el bus que los ha de llevar a casa. Va desocupado, gracias a Dios. Margarita tiene siempre la precaución de ubicarse junto a la ventana de emergencia. "Uno nunca sabe" El nieto se desvanece por el calor sobre su hombro, mientras ella se pierde sola en las calles que van pasando por la ventana. Mariana de mi corazón. Andrés la veía pasar todas las tardes cuando llegaba del colegio. La esperaba, sentado en la tienda de la esquina con una cerveza en la mano. Descendía del bus, y su cabello adolescente lo enloquecía y el cuerpo a la sombra de abril lo hacía delirar junto a la marihuana de la noche. Mariana también lo sabía, y ella se estremecía de placer cubierta solamente por sus peluches infantiles cada vez que imaginaba sus ojos verdes entre sus piernas. Sabía que pecaba sólo con ese pensamiento, pero se desnudaba inocente, libre de la adultez rígida de su madre y le daba rienda suelta sólo a esa ilusión. Después hacía las tareas y jugaba a las muñecas. En esos días primeros, ni siquiera Margarita lo sospechó, simplemente ocurrió, como siempre le pasa al amor, crece en el corazón menos esperado, alumbra las sombras más siniestras, ahoga la inocencia.

Margarita cayó en la cuenta que su hija estaba en las nebulosas cuando se la encontró en el baño suspirando y mirando su imagen en el espejo, sin inmutarse al llamado de su madre. Allí le empezó la desconfianza, y le siguió creciendo la maleza, cada vez que la veía llegar del colegio, trastornada hasta el silencio, y se encerraba con doble llave durante horas. De allí no la sacaba ni un postre de leches, ni la correa, ni la histeria desabrochada de Margarita. Se encerraba para enamorarse más de Andrés. Y Margarita, que no tenía la menor idea de quien había puesto su hija en tal estado de levitación, se le agrió el corazón cuando atando cabos, confirmó con pelos y señales, que el estúpido que tenía a su hija en semejante trastorno, era un sicario a sueldo con los ojos azules más hermosos de todo Milagros. Cómo era posible que esta culipronta viniera a enamorarse de un matoncito de barrio, yo, toda una dama, emparentada con este mentecato. Si lo supiera Beatriz, no, es que si le supiera Beatriz, lo sabe todo Milagros. Cómo hacer que lo olvide, debo prohibirle, debía prohibírselo, para que con más empeño lo buscara, con más picardía lo mirara cuando se bajaba del bus y me tocaba ir por ella hasta la esquina y traérmela en arrastraderas, oime bien vos Mariana, olvídate de ese muchacho, olvídate de él. Mariana se encerraba en su pieza y lo buscaba por la ventana del cuarto. El permanecía con la cerveza en la mano hasta que ella aparecía a contraluz y desaparecía como un relámpago cuando sentía que la atravesaban esos ojos azules intensos, y se desvanecía sobre su cama temblando, estremeciéndose por sus manos fuertes, su cuerpo delineado por el ejercicio, deseando ser mujer y no la niña azul que estaba bajo los peluches, aguardando la llegada del colegio para que ese sujeto le hiciera el amor con una mirada.


Al fondo observa a Milagros. Esta puesto sobre la montaña como una atarraya de lucecitas. Se agacha para acariciarse los tobillos, le duelen con cada paso y vuelve a incorporarse. Entonces llegó la horrible noche, no lo esperabas te estabas embadurnando la cara con esos menjurjes amarillos que te recomendó Beatriz y cuando escuchaste los dos disparos en la cuadra lo pensaste Margarita, acéptalo Margarita, que pensaste que ojalá fueran para ese mariconcito que se quería meter con tú niña y lo deseaste tanto que él apareció por la esquina con una mano en el estómago, corriendo mientras lo perseguían dos tipos y él se dirigió hacia la puerta de tu casa gritando Mariana abríme, Mariana amor sálvame por favor, y bajaste las escaleras sin limpiarte ni nada, él no podía entrar, pasara lo que pasara ningún asesino pisaría el suelo de tu sagrada casa así fuera el amor de tu hija, de tu única hija adorada, entonces llegaste a la puerta y cerraste con doble llave, mientras Mariana te pedía a los gritos que lo dejarás pasar, alaridos que se confundían con los gritos de Andrés Mariana, ¡amor!, ¡me van a matar! amor abrime la puerta, pero era imposible porque allí estabas tú, infranqueable, inexorable, implacable. Entonces escuchaste los tres disparos finales y tu afán de desaparecerlo se disipó, por primera vez en meses respiraste tranquila, por fin tú hija se había librado de la muerte. Pero Mariana te apartó con fuerza, abrió la puerta y allí estaba él, tendido, lleno de sangre, lo miraste con curiosidad y escuchaste cuando Mariana, inconsolable, le decía que no te puedes ir hermoso porque vas a ser papá.

Juvenal reaccionó cuando Margarita lo golpeó con el hombro. Habían llegado. Se bajaron y encontraron el barrio en penumbras. Al fondo de la calle se escuchaba a unos niños jugar un partido de fútbol. Juvenal le pidió permiso a la abuela para irse con ellos.

-Hasta las ocho- le ordenó Margarita-.
-Bueno abuela-.

Llegó hasta la casa, observó la esquina vacía y miró hacia el andén. Entró con la seria intención de hacerlo por última vez, subió las escaleras y alcanzó la sala. Ya no tenía fuerzas. Se acomodó en el sillón, se quitó las gafas y comenzó a llorar. Mariana se marchó a los días. Un día no llegó de la escuela. La buscó en las casas de las amigas, en los hospitales, en la morgue, pero nunca más volvió a saber de ella. Al poco tiempo, en la puerta de su casa de apareció una monja con un niño en los brazos y una carta del Bienestar Familiar en la que se le hacía entrega oficial de su nieto, nacido el siete de diciembre de 1989 después que su madre, Mariana Toro Restrepo se había quitado la vida cortándose las venas en un hotelucho del centro.

Juvenal cerró la puertacon fuerza y ella intentó limpiarse el rostro. El nieto se internó en la cocina, sacó gaseosa de la nevera, se dirigió a la sala mientras prendía todas las luces de la casa.

-Juvenal- gritó Margarita-. En esta casa no se vuelve a prender un solo bombillo en la noche. Si quiere prende el de su cuarto, pero nada más.
-Abuela...-
-Abuela nada. ¿Me entendió?-
-Sí señora-.

Permanecieron así por unos minutos. Margarita se quedó observando a su nieto y por fin reconoció algunos rasgos de Mariana, su boca, sus mejillas y su piel eran iguales a las de su hija, pero los ojos eran los mismos del padre.

-Siéntese, hijo, que necesito pedirle un favor-.
-Qué será abuela-
-Necesito que salga y me consiga mil pesos de marihuana-
-¿Cómo?-

De nuevo se quedaron callados. Afuera la barahúnda de los niños atravesó la calle y uno de los reflectores se encendió e iluminó el rostro de Margarita con su luz pálida. Ella permaneció impasible y siguió mirando al nieto.

-¿Me va a hacer el favor o no?- preguntó Margarita.
-Abuela, cómo se le ocurre - respondió Juvenal desconcertado- No escuchó al doctor, le quedan seis meses abuela, nada más. Cómo se va poner a fumar marihuana.
-Mijo, no quiero saber más de nada. Si estos van a ser mis últimos seis meses, voy a estar trabada cada uno de ellos.
-Abuela, ¿Usted se volvió loca?-.

Margarita recibió la pregunta mientras se acomodaba contra el espaldar del sillón. Miró hacia el bolso y en el fondo vio la foto de Mariana el día de la primera comunión y nada de lo que había hecho en su vida tenía sentido. De nuevo, un par de lágrimas bajaron desde sus ojos, circularon por su piel arrugada y seca hasta que se descolgaron de su cuerpo.

-Sí mijo, loca y vieja.

lunes 5 de enero de 2009

Margarita - Tato Millan - 1 Parte

"La muerte es una amante despechada"
Joaquín Sabina.

Margarita llevaba esperando 3 horas para entrar a su cita de las 3 y cuarto. Llegue hace tanto, lo sé porque no he parado de observar el viejo reloj de la pared y se que ha sido una larga espera, pero no la siento. Siento cómo si de repente hubiera dejado de existir y los mirara a todos desde el reloj por unos instantes, fugaz. Margarita se acomoda, cruza las piernas con elegancia, suspira una tufarada amarga y cierra los ojos por unos segundos. Está vieja, cansada, sabe que está muy enferma y no le importa. Hace el viaje desde Milagros hasta el Hospital para salir de su casa, para vestirse con los trajes carísimos que logró apropiarse de las brigadas de caridad y maquillarse como un payaso en carnaval. Vanidad de vanidades, pelo pintorreteado, ojos cenizos y tristes, parece que termina allí la faena de su vida. No merezco la tortura de vivir. No la he merecido y la he padecido como una patada en el culo. Dios debería encargarse de este asunto, Él y sólo Él es el culpable de esta imbecilidad de vivir. Yo creo en Dios, en el único que tenemos, ese que no necesita sacerdotes ni iglesias, ese que es fácil de seguir porque tenemos comunicación directa, sin intermediarios, a ese que le podemos hablar sin tener la disciplina dominical, ni las obligaciones del diezmo. Un Dios generoso, poco exigente, pero tan incierto que no se si me lo voy a encontrar cuando cierre los ojos para siempre. Realmente no se que me voy a encontrar cuando cierre los ojos, me gustaría que fuera como caminar por Junín, ramo de astromelias y Antonio de mi brazo, el Astor, moritos, risas, jugo de mandarina. Gente. Poca Gente. Luz. Pero me gustaría volverlos a abrir. Me gustaría volver a conversar con Beatriz. Nunca he podido olvidar las conversaciones que tuve con Beatriz, después del almuerzo. El tiempo no era asesinado impunemente por un reloj de pared. El tiempo iba determinado por las cosas importantes, por el rato del alma. No eran horas las que uno contaba, eran momentos, instantes. Beatriz relataba sus momentos con una intensidad que amañaba; nos encontrábamos con un café en la puerta de la casa, tras la algarabía de los niños que habían ido a almorzar. La ciudad reposaba, era una calma inexplicable, una serenidad sencilla, sin estresarme. La rolliza enfermera se levantó de su silla y alzó la voz.

- Margarita Restrepo viuda de Toro-
- Si, aquí estoy- respondió desde el fondo una voz agotada.
- Puede pasar-

Margarita se incorporó como pudo y fue en ese preciso instante cuando comprendió que se estaba muriendo de verdad. Caminó lentamente y en la mitad del trayecto se acordó que había olvidado algo, pero sin saber a ciencia cierta qué era y de que se trataba. Hizo la reminensencia adecuada desde que salió de la casa, esculcó mentalmente en su bolso y después de una breve reflexión salió un gesto ridículo.

- Pssst, Juvenal, Ole- le gritó a un joven que estaba sentado en el borde del sillón de la sala de espera- Vení que ya nos toca.

Era el nieto. Se había quedado estacionado en el trasero de la enfermera y de allí no había logrado salir con facilidad. Caminó sin despegar la mirada de la parte delantera de la señora de blanco y de ella obtuvo un gesto pícaro de compensación por el piropo inmerecido. Entraron al cuarto y salieron veinte minutos después, con la misma expresión fría, como si nada allá adentro los hubiera sorprendido. Algunas veces pienso que es una estupidez esto de visitar a los médicos. Qué logramos o qué nos dan para hacernos sentir mejor. Una droga, existe en la mano de alguno de ellos una pastilla que evite este infierno de envejecer, como es posible creer que esto es vida, Dios santo desde hace tanto siento la misma pesadez en las piernas, las manos secas y una levedad en el corazón insoportable. Es como si toda el alma se desbordara y cayera en las piernas. Allí se acumulan todas las miserias, más exactamente en los tobillos. Se inflan sin razón y parecen que fueran a estallar, pero no, son la base de un dolor que te recuerda la puta existencia que no se acaba. La vejez es una mierda. Y la mía es la peor.

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