- La opinión de mis amigos - antoniocarlostoro.blogspot.com -
- En realidad nunca nadie le dice a uno toda la verdad (Fanor)-

jueves 15 de abril de 2010

La seguridad que nos espera

La muerte de Alberto Uribe Sierra fue un hecho que parecía escrito por el destino. Él, campesino soberbio, que no se dejaba amedentrar por armas ni por extorsiones, fue claro con los guerrilleros que el martes 14 de mayo de 1983 fueron hasta los terrenos de su finca Guacharacas, ubicada en el municipio de San Roque, Norte de Antioquia, para secuestrarlo. No solo se resistió al secuestro, sino que intentó defenderse, lo que causó la reacción de los 18 insurgentes y uno de ellos le partió la cabeza con un disparo de fusil.Como todos sabemos, Alberto Uribe fue el padre de Álvaro Uribe Vélez. Fue quien le trazó ese destino de campesino arraigado a sus tierras. Fue él quien le enseñó el valor de la montaña, de los caballos y del orgullo de ser ganadero. Esa muerte, trágica, fue además el norte de su camino como político que ya había empezado mucho antes como Alcalde de Medellín y director de la Aeronáutica Civil. Desde entonces y para siempre, Uribe Vélez tendría claro que la única forma que su departamento y si le alcanzara la vida, la patria entera, tendrían paz sería venciendo por las armas a esos guerrilleros funestos que no encontraron mejor forma de arruinarle la vida que ir a Guacharacas esa tarde siniestra de mayo de 1983.
Por eso si insistencia en el tema de seguridad. Primero como Gobernador y sus ya tristemente famosas Convivir y después, cuando la guerrilla era dueña de la mitad de Colombia, con el cuento de la Seguridad Democrática. Todo esto, que puede ser muy criticable, hizo que durante ocho años no se hablara de otra cosa en el país: perseguir criminales por los montes y selvas del país con el fin único -que al parecer sería nuestra redención- de acabar con la guerrilla.
El país entonces creyó encontrar un mesías. Y para mí, lo único que existe en Uribe es un convencimiento que inició en un deseo de venganza y después terminó en una política de estado. No creo posible escribir con entereza todos los puntos críticos que puede tener una política donde el gasto público se vaya en comprar armas y formar guerreros, sin embargo lo que más me preocupa es que el país crea firmemente que esa política se pueda elegir sin caer en el terror.
Lo digo: Juan Manuel Santos no es garantía de seguridad. Uribe Vélez tienen claro desde 1983 quién era el enemigo y a quien se debía perseguir. Él lo sabía bien, porque lo había vivido en carne propia: a él le tocó enterrar cuando todavía no era el tiempo a su padre amado. Así no lo queramos entender, Uribe Vélez es una víctima del conflicto armado, solo que tuvo la oportunidad de convertirse en Jefe de Estado y transformar todo ese odio, rencor y dolor en una propuesta de gobierno.
En cambio, Santos es un burgués con mayúscula al que a duras penas le secuestraron un primo y a la sede del periódico de su propiedad la pusieron una bomba. No más. Siempre ha vivido las mieles de la riqueza (que no tiene nada de malo, que quede claro), pero que a la hora de hablar de seguridad democrática es alguien que no es de fiar.
No es gratuito que durante su ministerio de Defensa, se hayan multiplicado los falsos positivos y se hayan iniciado las chuzadas del Das. Es cierto que también estuvo la operación Jaque y la muerte de Raúl Reyes, producto de una movida suya: fortalecer y unificar los procesos de inteligencia militar, la rama del ejército y la policía que más descalabros y hechos oscuros acumula en toda la fuerza.Para Santos, en cuestiones de fines políticos, no hay moral. Eso significa básicamente, que no respetará los límites de lo permitido. Su único objetivo es ser Presidente de la República, y para eso empeñará la palabra que no cumplirá, seguirá las políticas que no comprenderá. Para él, dolorosamente, el fin justifica los medios y en este país donde es tan fácil confundir a un intelectual con un guerrillero, a un opositor con un terrorista, podemos estar entrando en una era de terror insospechada. Pero todo esto unido al hecho que Santos no tiene claro quién es su enemigo porque no lo conoce, no lo ha enfrentado cara a cara, como si lo ha hecho Uribe Vélez casi toda su vida política.
Santos es un producto del azar y tiene como bandera de gobierno la seguridad. No sabemos cómo terminará el país en manos de un hombre que no terminado de definirse a sí mismo, que ha ido al vaivén de la hojarasca armado hasta los dientes y buscando entre montañas y hierbas cualquier cosa que se parezca al enemigo que solo era del Presidente Uribe.

Chat "La opinión de mis amigos"

.