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miércoles 21 de mayo de 2008

95 años Hospital Universitario San Vicente de Paul (Fanor)

Palabras del director del Hospital San Vicente de Paul en la Misa de celebración de los 95 años

En esta fecha, 16 de mayo, de hace 95 años, este hospital de San Vicente de Paúl, era una ilusión. Era la ilusión de ser compañía en ese momento triste y agobiante de la soledad del hombre.

Era la ilusión de ser una mano, en ese momento terrible de la enfermedad. Y su mayor ilusión siempre ha sido, ser una oportunidad de vida. Porque para eso es un hospital: para la vida.

Para eso son los médicos y las enfermeras y los colaboradores y el cuerpo directivo, y todos los que con él, algo tienen que ver: son para la vida. Un hospital es para la vida, decididamente para la vida. La existencia hoy del hospital San Vicente de Paúl es, sin duda, una victoria de su credo. Y su permanencia, es la constatación de su espíritu, y su presencia sólo se explica porque es conducido dulcemente por la mano de Dios, expresada en las mismísimas bondades de sus propios propósitos, los propósitos de sus fundadores y los propósitos de todos los que han perpetuado su obra; todos ellos también, guiados, delicadamente, imperceptiblemente, por la mano de Dios.

Mil y mil de veces el Hospital ha estado triunfante de otras tantas incertidumbres. Otras mil veces, ha estado fortalecido de esas mismas mil angustias y desconciertos. Pero su historia no ha sido de tristeza. No, por el contrario. Ha sido de vida, de mucha vida, como la que corresponde dar a una institución que tiene esa tarea a su mano encomendada.

Y de mucha vida como la que El, Dios, ha derramado a miles y miles de enfermos recibidos aquí, siempre con los brazos abiertos, porque para eso es un hospital.

Y ya, después de 95 años, bueno…aquí está el San Vicente, por la gracias a Dios. Es el de siempre y a la vez es el siempre nuevo.

Es el generoso. Y es el persistente. Y es el siempre dispuesto a dar de lo suyo, en función de la vida y de quien mas lo necesite.

Gracias a Dios que nos ha permitido y a la vez nos ha ayudado a defender la vida y a estar del lado de ella. Nos ha permitido y nos ha ayudado a acompañar y a consolar, y a estar… siempre estar… e incondicionalmente estar, porque para eso es un hospital: para acompañar, para consolar y para estar… incondicionalmente estar.

La parábola del ayer, pero siempre del hoy, del hombre que "cayó en manos de ladrones los cuales le despojaron e hiriéndole se fueron dejándole medio muerto", termina en que de todos los que pasaron por el camino, uno tuvo misericordia, se acercó, vendó sus heridas y en su propia cabalgadura lo llevó y cuidó.

Cuántos hombres y mujeres, cuántos niños, cuántos, cuántos han pasado por estos pabellones y estas salas? Cuántos con angustias insondables? cuántos con tremenda incertidumbre? cuántos con temores invencibles? cuántos con soledades y con dolores y con tristezas increíbles? Todos ellos son uno, todos ellos son el mismo.

En este hospital lo sabemos; en este hospital lo hemos vivido. Lo hemos visto por estos jardines y por estas alamedas y lo hemos visto yacer en estos pabellones y transitar por los recintos de esta casa, donde siempre hay un lugar, pues esa es la consigna, ese es nuestro credo, esa nuestra intención, ese es nuestro espíritu y así debe ser, porque para eso es un hospital.

Que el Señor Dios Todo Poderoso y Eterno que nos ha llevado siempre de su mano dulce y generosa, permita que este hospital de san Vicente de paúl, esté eternamente a su amparo y se mantenga siempre fiel a su espíritu casi centenario y que permanezca aferrado a su lado siempre, y... por siempre, siempre, siempre, leal a su credo: una vida entera por la vida.

Julio Ernesto Toro

jueves 15 de mayo de 2008

JAWACO (Tato Millan)

No se cuantos meses llevo fuera del blog, pero siempre con la idea puesta en volver. Por eso, este pequeño relato para que lo lean....

No sabemos la hora exacta en que el reloj Jawaco de la casa de la abuela acabó con su vida. No lo supimos porque en su descenso mortal se reventó en decenas de pedazos y las manecillas fueron lanzadas por el impacto hasta el patio de la casa.
Solo escuchamos el estruendo del golpe. Fue una algo repentino; estábamos en nuestros cuartos y después de un último tic tac, sentimos la caída libre, el golpe seco y una campanada final que se expandió por la casa como si fuera su espíritu que subía al cielo.
Mientras barríamos los escombros, teníamos la sensación de estar recogiendo nuestros recuerdos. El viejo reloj de la casa, el que daba la bienvenida y casi siempre, la hora exacta, lo había traído el abuelo antes del nacimiento de la segunda generación de la parentela. Lo compró de segunda y la tonalidad espectral de las campanas, que según el vendedor era la misma de la abadía de Westminster, fue lo que lo convenció de comprarlo.
El abuelo era un enamorado de los sonidos, además del reloj, en el patio estaban los sinsontes, los canarios, petirrojos y un equipo de sonido de alta fidelidad bastante moderno para esos año. Pero alguna vez la combinación campanas y canciones fue tan insoportable que la abuela le ordenó, irreductiblemente, que escogiera entre los pájaros, el reloj y ella. El abuelo, que siempre fue un hombre práctico, regaló los pájaros y abogó por la suerte del Jawaco por su evidente utilidad. Mientras metíamos en una bolsa plástica lo que había quedado regado en el suelo, pensámos en nuestros recuerdos con él. Era una presencia permanente en la casa de la abuela, que para mí ha sido la única casa que he tenido y vale la pena tener en la lista de mis nostalgias de la vejez.
Sus campanadas, una por cada hora del día que cumplía, se convirtió el sonido y el aroma de esa casona del barrio Buenos Aires. Siempre lo tuve en la memoria. En los años del exilio recordé las salidas del baño y enterarme lo tarde que iba para la universidad o lo poco que faltaba para la hora del almuerzo. Mi medición mental del tiempo siempre la hice basado en la numeración metálica del Jawaco. Sin embargo, poco a poco fue perdiendo el ritmo. La única que tenía el hábito inquebrantable de darle cuerda era la abuela. Se levantaba temprano, abría la vitrina y en los tres orificios en la mitad de la esfera de números, le daba cuerda con una llave especial. Cuando ya estaba listo, con un golpe suave ponía en movimiento el péndulo. Pero a ella también los años vinieron a buscarla y la encontraron para dejarla postrada, a pesar de su ánimo juvenil, en una silla de ruedas. Entonces, esporádicamente, cuando el reloj de pulso se me quedaba en el cuarto o no tenía el tiempo para sacar el celular del bolsillo miraba hacia la pared y allí estaba él, detenido, con su péndulo estático, invitándome a darle cuerda. Algunas veces lo hice, pero era ya más el tiempo que permanecía quieto, que el que contaba. Por eso estoy convencido que su caída fue una decisión personal. El clavo que lo sostenía estaba firme en su lugar y la parte de la que él se pegaba a la pared no sufrió algún daño. Se cansó, pienso yo, de su condición de reliquia, que los nuevos niños de la casa lo observaran como una pieza de museo, pero ante todo, que nosotros, testigos de su disciplina y lealtad, lo hubiéramos abandonado como al Cristo de la pared.
Después de limpiar el piso de las astillas, procedimos a envolverlo en bolsas del Éxito, cuando caímos en la cuenta que era improbable que algún carpintero aceptara restaurarlo. Y allí quedó sobre las sillas que intentaron soportar su caída por un par de días hasta que pasó el camión de la basura y lo sacamos a la calle.

Alejandro Millán Valencia

lunes 12 de mayo de 2008

50 años del Departamento de Cirugia HUSVP

No es ninguna novedad afirmar que el presente es consecuencia del pasado, como no lo es tampoco decir que el futuro siempre es una promesa, el futuro es una enorme promesa. en realidad la vida del hombre no es ni mas ni menos que eso, una promesa. Detras de la espectativa y de la incertidumbre, detras del sus miedos y desvelos, detras de sus deseos y de sus ilusiones, hay siempre una promesa y es por ella que se hace todo esfuerzo, todo trajin, todo el esmero, y todo empeño. y en realidad todo el vivir del hombre está apuntalado en promesas y promesas, siempre promesas y su vida gira al rededor de ellas. y el medico, tanto el buen medico como el medico bueno, y particularmente este ultimo, el medico bueno, si que se vale de ellas; lo hace con seguridad y con confianza pero para ello necesita valor, coraje y mucha entereza, pero sobre todo necesita algo que poco se cotiza hoy por hoy y que quizas suene mal, no en esta sala, sino en la vida cotidiana... se requiere amor, si, dije amor. ah el amor...el amor...es verdad que no podria hablar muy largo de el, pero si podría decir que el es lo que mueve, lo que configura, lo que sirve de pie de amigo a una gran promesa. Y si no puede ser largo el tema, su sentido si lo es.

En realidad el sentido de la celebración de los 50 años de cirugía general es recapitular sobre una promesa, reconocer un esfuerzo muy valioso que la estructuró y apuntalarse en ella para seguir adelante sin cambiar de metodo, manteniendo el espiritu y la intención porque no habría razón para hacerlo pues así todo ha salido bien, muy bien, y bueno...seguir prometiendo, no obstante que la muerte es invencible, pero no por ello nuestra estructura y nuestra labor se vienen abajo, sino que por el contrario dia a dia se nos amplia el panorama porque alli en la tarea que se hace, tenemos la inmensa oportunidad de " curar a veces, aliviar a menudo pero consolar...consolar siempre" y eso de consolar es simplemte lo que establece la diferencia, una delicada, preciosa y elegante diferencia entre el buen medico y el medico bueno. Pero hay temas y asuntos que son incondicionalmente ciertos, diriase que son apodicticos, son necesariamente ciertos, como lo es tener, mostrar y constatar un logro médico de 50 años, en el cual es requisito conjugar magicamente el saber con el amor, es decir el que hacer del buen medico con el papel del medico bueno.

¿cuantos pacientes han pasado por nuestras salas y quirofanos? cuantos por nuestros pabellones y sevicios? y cuantos alumnos? cuantos trabajadores y asistentes?. Tras esto siempre saltará la pregunta de quien quiere ir rapido, e ir adelante de todos y abreviar para lograr mas, haciendo menos esfuerzo, la pregunta es: ¿como se hizo todo? la respuesta a esa pregunta es un secreto. secreto que se va develando con la persistencia, con la dedicación, con la generosidad, con la entrega y en una palabra, volvamos a ella: con el amor.

Asi lo han hecho durante 95 años el Hospital y la universidad de antioquia, igual que en los 50 años del departamento de cirugia . su alianza ha sido una promesa que se renueva cada mañana y cada noche de turno y en cada actividad quirurgica y en cada consulta y frente a cada estudiente y ante cada colaborador del hospital y de la universidad y ante la sociedad entera. Y su magia está en eso, en dar y dar abundantemente como lo han hecho tambien generosamente estas instituciones con nosotros mismos. Y esa fuerza se seguirá expresando mientras exista el espíritu que creo estas Instituciones y como manifestación de el mismo, de ese mismo espiritu, el proximo 16 de mayo descubriremos la primera piedra del nuevo hospital san vicente de Rionegro, que si Dios lo quiere, en dos años estaremos inugurando con mas de 100 mil metros cuadrados construidos en su etapa final por un valor del orden de los $ 250.000 millones y generando a partir de ese momento, mas de 800 empleos directos y pondremos alli todas las cualificaciones, todas las destrezas y todas las habilidades que en 95 años hemos recogido, al servicio de toda la comunidad.

Los 50 años del departamento de cirugia son en realidad 50 años de dar, de dar generosamente, de estar presente, de instruir, de apoyar, pero sobre todo de amar, de amar lo que se hace y de hacerlo incondicionalmente, a cambio de...a cambio de nada, porque si fuera a cambio de algo, el precio nunca sería justo ni el reconocimiento suficiente, porque todo en ese contexto se tasa con el tabulador de las pasiones humana. entonces aqui todo dar es a cambio de una promesa: ir y servir. Y en todo este esfuerzo hay nombres propios de hombres marvillosos que en justicia serán todos reconocidos por Dios y permanecerán en la historia de las Instituciones.

50 años maravillosos, de ejemplo, de entrega y de triunfos, constatados, todos ellos en todos y en cada uno de los estudiantes, constatados en todos y en cada uno de los medicos que por sus aulas han pasado y han formado sus mentes y sus manos, y constatados en todos y en cada uno de los pacientes que en sus salas y recintos han estado, y alli, por esas manos consoladoras, han sido tocados.
Muchas felicitaciones y muchas gracias

Julio Ernesto Toro - 9 de Mayo de 2008

martes 6 de mayo de 2008

OYEEEEE TOÑO CASSETTE!!!! (Raaid)

En varias canciones de Diomedes Diaz se escuchan la dedicatorias:

"oyeeeee toño cassette"

"oye toño vergara zuleta"

Video recomendado por Raaid del periodista Ernesto Mccausland

lunes 5 de mayo de 2008

Rey Vallenato 2008

Con razón quedo!!

Christian Camilo Peña, natural de Pivijay, Magadalena, a pesar de su corta edad acompaña desde hace varios años a el ‘Jilguero de América’ Jorge Oñate y anoche se corono nuevo Rey Vallenato

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VIDEOS

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Silvestre Dangond, Ivan Villazon - Se acabaron

Peter Manjarres - El Tropezón