Se protesta porque se le dan 10 minutos por paciente al medico y por otro lado, se les cita a todos los pacientes a la misma hora para salir rápido.
30 mil personas declarantes y que pagan impuestos están el régimen subsidiado
En Malaria y TBC se formulaba lo establecido por el ministerio.
Hoy se aducen inconvenientes para acogerse al contenido de medicamentos del POS
El valor de recobro excede el precio máximo sugerido por el laboratorio farmacéutico
El # de medicamentos recobrados es superior a los vendidos por el laboratorio farmacéutico
Se reciben dadivas y bonos por formulación de medicamentos y compra de equipos e insumos.
Los municipios desvían los recursos de salud para actividades irrelevantes
El Fosyga retiene el dinero y no paga sus obligaciones
Las EPS dilatan el pago de sus obligaciones.
Los prestadores están agobiados por la cartera
Los prestadores no hacen exigible el cumplimiento de los decretos frente a las EPS, como plazos e intereses de mora.
Se abusa de la tutela y se generan sobre costos
La autonomía médica no puede ser patente de corso.
Cada uno fue poniendo lo suyo del sistema de salud en función bajo sus intereses: las EPS, clínicas y médicos, pero no de los pacientes.
El dinero es el centro de la operación del sistema.
Se postergan las atenciones para mejorar el rendimiento financiero.
Se liquidan cesantías para primeras comuniones y fiestas de 15, y no puede ser para salud?
viernes 5 de febrero de 2010
Emergencia social - (Fanor)
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6:59 AM
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REFLEXION. (Para creyentes y no creyentes) - Fanor
Evangelio San Lucas 10:30
Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercose, vendó sus heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuido del él.
Al otro día al partir, sacó dos denarios y los dio al mesonero, y le dijo: cuídamele; y todo lo que gastes de mas, yo te lo pagaré cuando regrese.
Este Evangelio pudiera leerse así: Un hombre que viva su vida tranquilo, cayó enfermo; se sintió pobre y mal, y todos se alejaron de el y no lo reconocieron, dejándole medio muerto.
Aconteció que pudo llegar a un hospital cerca de su camino, y allí viéndole, lo hicieron pasar de largo.
Así mismo fue a otro hospital, y llegando y viéndole, también lo hicieron pasar de largo.
Pero otro mas, viéndole, fue movido a misericordia; y allí en este se vendaron sus heridas, y dándole todo cuanto necesitaba lo aceptó y cuido del él.
Al otro día el hospital dijo a los suyos: cuídenmelo y todo lo que gastes de mas hasta su alivio, yo lo pagaré.
en
6:47 AM
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viernes 29 de enero de 2010
ODAZI NEBSIS (Fanor)
- Buenos días futuros galenos. Soy profesor de la Facultad de Medicina desde hace 15 años y estoy encargado de recibir a los alumnos que inician su rotación en clínicas.
Les extendió la mano y les dijo:
- Dios le concedió al hombre la ciencia y la vocación, para servir. A partir de ahora ustedes se van a aproximar a los pacientes; lo deben hacer con sumo respecto, con profunda consideración y con gran afecto por ellos; en verdad ellos son muy generosos al permitir que lleguemos a sus cuerpos para saber más de las enfermedades; con esto nos dan la oportunidad de profundidad en el conocimiento, para que lo podamos aplicar luego con más propiedad, con mayor destreza, con más confianza y con mejores resultados. Sin embargo ustedes se van a acercar, fundamentalmente, a lo más sublime del ser humano: a su esencia; se van a acercar al alma, al sentimiento, a la intimidad; lo que hallarán en el contacto con el enfermo, es al hombre mismo.
Recuerden siempre que son pocas las personas que, como ustedes, tienen la invaluable oportunidad de formar la mente, moldear la inteligencia y desarrollar habilidades, para comprender el verdadero sentido del ser humano.
Y sentenció: Señores, primero el hombre ¿de acuerdo?
Guardaron silencio, era su primer día y las palabras del profesor los habían dejado perplejos. Sus afanes estaban en ver enfermos, en mirar y palpar lo que decían los libros y las clases, en escuchar síntomas y confrontarlos con los signos; en formular hipótesis diagnósticas y discutirlas con el médico tratante; en proponer planes terapéuticos, pero nunca habían pensado en ser médicos para verse a sí mismos. Era desconcertante este recibimiento.
- Síganme por favor.
Pasmados, los tres jóvenes caminaron tras su profesor hacia la habitación de uno de los enfermos.
El doctor iba pensando asuntos que no tenían nada que ver con la medicina ni con la ciencia. Lo mortificaba lo que acababa de predicar, por lo insostenible que se había convertido contrarrestar las fuerzas del mundo y mantener la fidelidad a los principios de la profesión. El concepto del paciente por encima de todo y del hombre sobre toda consideración sonaba obsoleto. Lo de la profesión en función del ser humano, del sentido altruista de ella y en fin, aquello que alumbró su quehacer médico por muchísimos años, lucía anticuado.
Abrió la puerta de la habitación y saludó al paciente.
- ¿cómo amaneció?
Historia clínica número 1313. Hospital Divina Providencia. Paciente: Odazi Nebsis. Hombre de raza negra, de 78 años de edad, natural de Rodó (Chocó) y residente en el área rural de este municipio.
Motivo de consulta y enfermedad actual: Hace aproximadamente un mes empezó a sentir “desaliento y dolor en el hígado”. Desde la semana anterior “no pasa bocado” y su esposa le observó un tinte amarillo en los ojos.
Al examen físico: paciente lúcido, en pésimo estado general, enflaquecido, ictérico, acusa dolor a la palpación en la parte superior derecha del abdomen. Se detecta crecimiento hepático. No hay otros hallazgos.
Diagnóstico de ingreso: cáncer de hígado.
Conducta: exámenes de sangre y radiografías urgentes, para iniciar tratamiento.
- Amanecí bien, doctor; con dolor, pero… bien, y ¿a usted cómo le ha ido?
- Muy bien hombre, permítame presentarle a los señores: ellos son los nuevos estudiantes de medicina.
- Mucho gusto doctores. Odazi, servidor.
- Señorita ¿por qué no están los exámenes que ordené anteayer?
- Aún no hay autorización para tomarlos, doctor.
Los estudiantes miraron a su profesor. ¿Exámenes ordenados anteayer? ¿No hay autorización? ¿No es él quien ordena? Nadie les había hablado de esto.
El doctor captó el desconcierto en los alumnos, pero se hizo el desentendido. Dio nuevas instrucciones a la enfermera:
- Iniciemos, entonces, medicamentos antitumorales…
Ya iba a escribir en la historia, cuando le interrumpió ella:
- Doctor, previamente debe llenar la forma de papelería para solicitar el visto bueno del interventor y liquidar la contribución del paciente.
- Mmm ¿Usted sabe cuánto puede tardar el trámite?
- Si el señor tiene el dinero y si los parámetros de edad, diagnóstico, posibilidades de sobre vida y demás están en el plan de coberturas, el visto bueno es cuestión de dos o tres días solamente, doctor. Tan pronto llegue, pasaré el pedido de la farmacia y si los medicamentos están en el listado autorizado, creo que a finales de la semana entrante ya estarán aquí.
En silencio, como contraído por dentro, el doctor pensó: no es su culpa… pero tampoco es su padre.
Con aparente serenidad, escribía y leía:
- Suministrar dos tabletas de analgésico cada 4 horas.
- Doctor, debe llenar la forma de la papelería con todos los datos de identificación del paciente y resumen de la historia y formular el analgésico con nombre genérico de los de la lista autorizada.
El médico, alejándose un poco del paciente, expulsó todo el aire de sus pulmones y dijo a sus alumnos:
- Esta situación no la imaginó Hipócrates, ni la sospechó el pensum. Es la lucha profundamente solitaria del enfermo contra su enfermedad; es también la evidencia de la rivalidad de lo técnico y lo humano, del criterio y la norma, de lo racional y lo irracional, del espíritu y la materia. Es lo posible hecho imposible; es el cambio de principios y al final su derrota. Lo que han visto es el resultado de la ecuación costo – beneficio aplicada a la vida. En el fondo, es el hombre contra el hombre. Y aunque sé que este es el mundo de hoy, sigo pensando que primero el hombre.
Se acercó a Odazi Nebsis, le dijo:
- Voy a hacer todo lo posible para que le inicien tratamiento muy pronto.
Con rostro resignado, contestó:
- ¿Sabe que Doctor? Yo aquí atisbando a los jóvenes que vinieron a aprender, a la señorita que trabaja aquí en la Divina Providencia y a usted que entiende del dolor y de la muerte, pienso que lo mejor para todos, es que me dé la salida.
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1:50 PM
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lunes 28 de septiembre de 2009
No se porque (Fanor)
No se porque:
En realidad no se porque a veces odio a Carlos Gaviria, a Petro, a Jorge Robledo.
No se porque a veces odio al alcalde, al gobernador, al ministro de trasporte.
A veces odio a Alvaro Uribe, a Fajardo y a Mokus.
A los dirigentes deportivos, al presidente del DIM, al gerente del Nacional a la hinchada y a los que escuchan a Bolillo.
Inicialmente no pero ahora odio y no se porque a Ingrid, a Clara Rojas, a Luis Eladio.
A veces odio y otras veces ignoro a Moncayo a Yolanda Pulecio y a Jose Obdulio.
a Zapatero y a Sarkozy tambien lo odio.
En realidad no se porque.
Dependiendo del humor de Yamid, de Gosain o de Arizmendi, odio o ignoro a la gente.
Odio o ignoro: lo que diga Julito, Felipe Zuleta o Coronel.
Odio o ignoro si ese es el humor de Nestor Morales o Mauricio Vargas.
24 horas de noticias, empeoradas por acentos, tonos y semi tonos; por frases y gestos, por ademanes y mañas.
Frase y palabras que hacen sentir obstinadamente odio o desprecio. Frases y palabras que envenenan el alma y hacen fruncir el seño.
Y no se porque odio.
Silencio.
Silencio
Silencio
en
5:06 PM
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martes 21 de julio de 2009
A Tomás Villa (Tato Millan)
Villa recibió el balón y por primera vez en su vida pensó en la muerte. Pensó que la vida tenía final. Que si erraba esa pegada, que si la pelota no atravesaba la línea final y besaba la red, su vida podía acabar. Por primera vez tuvo la certeza de la vejez, que ya no era joven y lo cubrieron todos los recuerdos.
Recordó la cucha, la vieja Rosa que lo parió bajo el fuego, cuando se tomaron El Socorro. No tuvo opciones de ir hasta el Hospital porque el Ejército y la Policía cerraron todas las salidas del barrio para que nadie escapara, ni siquiera ella, que el único crimen que cometió fue dejarse comer por Francisco. Años después, a Villa le decían de todo sobre su papá, pero él no creía porque su cucha, la vieja Rosa le decía que no era verdad, que no creyera lo que decían, que no creyera en nada. Y Villa no creyó. No creyó en las leyendas criminales de Francisco y solo confió en las palabras de la vieja Rosa, la cucha: Que Francisco fue sacrificado, masacrado por la autoridad el mismo día que nació. Sin embargo, fuera lo que fuera, quería ser otra cosa. Solo quería patear un balón, golpearlo hasta el dolor como lo hacía su cucha cada vez que la cagaba, pegando hasta llorar, con la claridad ambos que esa era la única forma de borrar a Francisco de la faz de sus recuerdos.
Apenas Villa acarició la pelota y la tuvo entre sus piernas, un defensa bardero le abrió las piernas y le mostró la parte baja de los guayos, amenazante y entonces amagó y dudó. Y sintió miedo. Por primera vez una sensación de inseguridad lo invadió. Nunca en sus 28 años de vida tuvo una duda. Siempre decidió al instante lo que tenía que hacer. Muchas veces se equivocó, como aquel zapatazo en la final del pony, cuando frente a un arco solitario decidió que era mejor patear que dársela a su compañero y la mandó a la mierda, como mandó a la mierda la final y quedó solo con una medallita de plata. Nunca dudó. Dijo sí sin titubear que le quitaran el respirador artificial a la cucha que en menos de dos meses un cáncer brutal se le comió los pulmones. No dudó en casarse, no dudó en tener hijos, no dudó en firmar con Nacional así le tocará una vida entera en la banca. No dudó cuando se fue del barrio. "Ahí les dejo los recuerdos", les dijo a los amigos que quedaban cuando salió en un camión con la cama, las tablas, nevera y fogoncito eléctrico. Villa nunca dudó y ahora le aparecía esa sensación junto a la evidencia de la muerte, justo cuando se decidía tanto.
-¡Pateá pues hijueputa!- llovió desde la tribuna.
Villa quedó solo frente al arco, el portero estaba vencido y por el rabillo del ojo, un compañero le alzaba las manos. Estaba allí, de nuevo frente a la posibilidad de ganar. Peleó tanto por estar en ese lugar otra vez. Descendió a los infiernos y resucitó a los tres años. La maldita lesión de ligamento cruzado cuando Cañita Grisales le atravesó la rodilla con un mazazo intencional en un entrenamiento. Villa quedó tendido en el suelo y Cañita ni se devolvió a mirarlo. Él salió con la rodilla colgando y sin comprender que su regreso estaba más lejos que su llegada. Peleó contra todo: contra la EPS que aseguraba que no tenía registros de pagos a su favor, contra el equipo, contra el olvido. Regresó por la puerta de atrás. El "Médico" Toro, viejo amigo del barrio le dio chico en el Itagüí. Un año peleado descenso, viajando en bus, tribunas vacías, campos demenciales anegados en barro y huecos, árbitros vendidos por miserias. Entonces regresó, pero ya no por calidoso, sino por terco. Terco como un burro que se hacía matar en cualquier cancha y eso le gustó al profe Gutiérrez, que lo vio en una previa y quedó encantado con esa masa de huesos que chocaban con todo. Sin miedo y sin dudas. Con determinación de kamikaze y sin ínfulas de diva. Perdió la vanidad, porque el talento se le quedó en los pies de Cañita. Así le respondió Villa al profe Castillo cuando lo llamó para el primer entrenamiento: "Es imposible que tenga orgullo, porque no tengo rodilla", le dijo. Trabajó con determinación, puso más allá de sus límites y aunque apenas le alcanzaba para estar en la banca, su lugar de costumbre, era feliz. El profe le daba la chance y Villa ponía todo, mataba por la pelota, arrancaba tobillos, canillas y rodillas. Pero no pasaba del medio campo, quitaba y entregaba, Fácil. Corría, mataba y amarilla. No más, no había nada más que eso en el campo. La parte de adelante era una zona prohibida, a pesar de los ánimos del profe que lo invitaba a subir, como en sus viejos tiempos, él decía que no. Villa sabía que su talento se había reducido a nada, que su rodilla no tenía la capacidad de llevarlo hasta esa parte de la cancha. Perdió la confianza y por eso la banca, porque muchas veces el profe necesitaba volumen de ataque y con Villa perdía sorpresa, llegada. Hasta hoy, por supuesto, cuando no quedó más remedio que entrar. Era la final y a Mejía lo partieron entre los doble cinco que planteó el equipo contrario. Era la final Villa y no se podía responder que no. Bastaba el empate, mantener la pelota, porque en Bogotá, Botero la puso por el palo del arquero en un tiro libre alucinante. Así que no se necesitaba desgastarse con idas y venidas. Veinte minutos en que no pasó mayor cosa: marca asfixiante sobre El Príncipe Cardona, el diez contrario y listo. Faltando quince, Buitrago lo pintó de amarillo y aguantó. Entonces sucedió, Lopera se descolgó por la izquierda en un avance sorpresivo y él era el único que estaba cerca para acompañarlo. Era la final Villa, no se podía decir que no. Lopera siguió su carrera hasta cinco metros antes de que se acabara la cancha y mando el pase. Villa recibió la pelota, sintió miedo, la certeza de la muerte y pensó en su cucha, la vieja Rosa. Por el rabillo del ojo vio que Botero le pedía el balón. Pensó dejar en otras manos este instante de incertidumbre. El estadio completo bramó pidiendo el golpe fulminante, la muerte súbita, el beso de la red para ser campeones otra vez. Entonces se dejó de pendejadas, cerró las manos, miró al frente y después que se alejaron la sensación de la muerte y el miedo, saboreó las primeras gotas de la gloria.
Y pateó.
en
4:20 PM
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